Comunidad Viatoriana

¿Qué es esto?

Cerca de dos siglos después de la intuición inicial, el sueño del Venerable Luis Querbes se ha convertido en una realidad viva: una comunidad unida en torno a dos ramas, una religiosa y la otra laica. Este carisma, en adelante portado por la Comunidad viatoriana, constituye un don del Espíritu Santo reconocido por la Iglesia y ofrecido a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos.

La Comunidad viatoriana se compone de religiosos y de asociados. Estos últimos forman un grupo diversificado: hombres o mujeres, solteros o casados, así como diáconos permanentes o sacerdotes diocesanos. Juntos, nuestras comunidades asumen la misión de proclamar a Jesucristo y su Evangelio, de acompañar a los jóvenes y a los adultos en su vida cristiana y de celebrar la fe. Proponemos una formación integral —humana, intelectual y espiritual— al mismo tiempo que animamos comunidades de fe dinámicas.

“Id a anunciar el Evangelio a los confines de la tierra”

Partiendo de Vourles en Francia, nuestro lugar de fundación, hoy estamos presentes en dieciséis países distribuidos en Europa, América, África y Extremo Oriente. Esta diversidad étnica, cultural y social representa una de nuestras mayores riquezas. Ante el doble desafío de la diversidad y el individualismo, hemos optado por responder con la comunión fraterna.

Catequistas y evangelizadores en el medio escolar

En nuestra calidad de educadores de la fe, trabajamos en el seno de escuelas primarias, secundarias e instituciones universitarias. Nuestra ambición es integrar los valores cristianos en el corazón de la realidad cultural contemporánea. En cada país de compromiso, privilegiamos el diálogo con las culturas y la solidaridad con los pueblos. En el seno de nuestros establecimientos, alumnos, padres, profesores y miembros del personal forman una sola y gran familia.

Catequistas y evangelizadores en la Iglesia local

El Venerable Luis Querbes había anticipado la importancia crucial de formar a catequistas y liturgistas en el seno de las parroquias. Es por ello por lo que cumplimos nuestra misión en estrecha comunión con las Iglesias locales. Colaboramos en la profundización y en la celebración de la fe en un espíritu de armonía, favoreciendo un diálogo constante con los obispos y los pastores.

Cerca de los marginados

El Venerable Luis Querbes prestaba una atención particular a los niños y a los pobres privados de acceso a la educación, especialmente la cristiana. Fieles a esta preocupación, nos consagramos prioritariamente a los dejados de lado de nuestra época. Actuamos concretamente por la paz, la justicia social y la solidaridad internacional mediante un apoyo material, humano y espiritual.

Reseña histórica

Redescubriendo una “idea querida por el Padre Luis Querbes”, el Capítulo general de 1978 devolvió la vida al proyecto de los “catequistas laicos” que el fundador no había podido concretar debido a las contingencias históricas. Desde entonces, la Congregación se abrió a la asociación de personas que, sin pronunciar votos religiosos, se comprometen a compartir su misión, su espiritualidad y su vida comunitaria.

El Capítulo general de 1994 dio un paso suplementario al iniciar la experiencia de la “Comunidad viatoriana”. Inscribiéndose en el movimiento de promoción de los laicos surgido del Vaticano II, este Capítulo declaró que religiosos y asociados son en adelante “herederos de pleno derecho del carisma del Fundador y corresponsables de su desarrollo” (DC 5, 1994).

Esta entidad ha continuado estructurándose, dotándose progresivamente de una organización propia según los deseos del Capítulo general de 2000. En julio de 2006, la primera Asamblea General Internacional se reunió para elaborar la Carta de la Comunidad viatoriana. Este documento fue aprobado ad experimentum por el 28º Capítulo general, permitiendo profundizar la experiencia en curso.

En febrero de 2011, la segunda Asamblea general celebrada en Bogotá (Colombia) revisó la Carta para que reflejara lo mejor posible la realidad de la Comunidad y sostuviera la fidelidad al carisma. Esta versión revisada fue aprobada y publicada para el conjunto de la comunidad durante el 29º Capítulo general en 2012.

La tercera Asamblea general, reunida en Guadarrama (España) en noviembre de 2016, recomendó el reconocimiento oficial de la Comunidad viatoriana en el seno de la Constitución de la Congregación, dejando al mismo tiempo a los religiosos la libertad de pertenecer a ella. Subrayó la riqueza de la diversidad de las comunidades locales recordando al mismo tiempo la necesidad de perspectivas comunes para preservar la unidad.

En 2018, el trigésimo Capítulo general deseó concretar esta evolución proponiendo una modificación del artículo 5 de la Constitución. Esta enmienda buscaba inscribir oficialmente la existencia de la Comunidad viatoriana como una entidad que agrupa, en su seno, tanto a los miembros religiosos de la Congregación como a los miembros laicos asociados.

Aunque este proyecto de enmienda no recibió el aval de la Santa Sede, esta última alienta vivamente a los Viatores a proseguir esta experiencia de compartir. Una reflexión profunda está actualmente en curso, invitando la Santa Sede a la Comunidad a hacer vivir este carisma sin buscar, por el momento, congelarlo en un marco jurídico o legislativo codificado.

Del 18 al 25 de octubre de 2025, la cuarta Asamblea general de la Comunidad viatoriana se celebró en Valpré, Francia. Tras haber realizado un estado de situación minucioso del camino recorrido por la comunidad, la asamblea lanzó un llamado profético al conjunto de los religiosos y de los asociados. Este mensaje invita a todos los Viatores a anclarse en la Palabra de Dios para afrontar los desafíos contemporáneos de la Iglesia y del mundo. Al reconocer la igualdad bautismal de todos sus miembros, la comunidad se compromete a intensificar su dimensión internacional y a construir medios de vida que sean verdaderamente orantes, acogedores y portadores de sentido.

Después de más de 20 años de camino, la experiencia de la Comunidad viatoriana continúa floreciendo en este espíritu de apertura. El conjunto de sus miembros expresa su gratitud hacia Dios por este don del carisma viatoriano, que une hoy, en una misión común, a religiosos y laicos seculares.