BURKINA FASO
El 7 de octubre de 1999, un equipo de Clérigos de San Viator, compuesto por un haitiano y cuatro canadienses, dio el paso con audacia y determinación hacia una nueva aventura misionera en África Occidental. Tras un viaje de 24 horas, llegaron a Uagadugú, la capital del país, donde descubrieron una nueva cultura, costumbres, vestimentas y un clima muy diferente. Un miembro recuerda esta declaración del equipo: “¡En nombre de Cristo, dejadnos abrir los caminos del Evangelio!”.
Después de veintiséis años de presencia en este país tan acogedor y cálido, sí, podemos decir que los caminos con sabor evangélico están abiertos ante nosotros y que, evidentemente, el Señor se nos adelantó. La Comunidad cuenta actualmente con 37 religiosos africanos, un religioso canadiense, un religioso haitiano, tres novicios y tres postulantes.
Gracias al apoyo de los Viatores de Canadá y de otros países, de varias ONG, padres, amigos y benefactores, tenemos ahora la responsabilidad de cuatro colegios (Lycées) que reúnen a 4575 alumnos en este curso escolar 2025-2026 en Uagadugú, Saaba, Banfora, Boassa y Bagré. El obispo de Banfora también nos confió la responsabilidad de una nueva parroquia, en 2004, bajo el nombre de nuestro santo patrón. Desde 2020, se construyó una residencia para estudiantes viatores en Saaba, que permite acoger también a otros religiosos y sacerdotes diocesanos en formación en algunas universidades de la capital.
Y en las afueras de la capital, en Bagraogo, un noviciado y un centro de acogida nacieron en enero de 2025 para la formación y para las necesidades de la comunidad y de los habitantes de la región.
Tras solo un siglo de evangelización, la Iglesia-Familia está bien implantada en este país de África Occidental. Es viva, dinámica e inculturada en las costumbres locales. Por ejemplo, en Burkina Faso, es habitual pedir “las noticias” a los visitantes que se presentan, después de haber ofrecido el tradicional vaso de agua. Las noticias se dan sentados. Esta costumbre se aplica también a las celebraciones eucarísticas donde, en el momento de la lectura del Evangelio, se invita a la asamblea a sentarse para escuchar la Buena Nueva.
En África, es importante celebrar nuestra fe con belleza y alegría. El tiempo no cuenta. Por eso, durante la liturgia, suele haber danzas tradicionales y procesiones acompañadas de cantos rítmicos y sostenidas por el sonido de los djembés, balafones, koras y xilófonos. A menudo, hay tantas personas fuera de la iglesia como en el interior por falta de espacio.
¡Sí! En nombre de Cristo, el camino recorrido permite esperar la continuación de la misión viatoriana en la “Tierra de los Hombres Íntegros”. Ya sea en el suelo árido del norte del país o en el granero verde más al sur, el corazón de esta población sigue siendo receptivo, acogedor y abierto a la palabra de Dios vivida, profundizada y celebrada. Sin duda, al ver los resultados de la vitalidad de la Iglesia-Familia en Burkina Faso (vocaciones sacerdotales, masculinas y femeninas) y a las madres y padres catequistas, se dibuja una continuidad segura para el futuro de la misión de evangelización en Burkina Faso.






